Pliegues y arrugas.

Nunca vi la película, pero terminé con dos carteles. Como siempre el tiempo ha ido haciendo los pliegues cada vez más espesos: pequeños afluentes de agua amarga en la rectangular meseta del papel. Y ahí están, doblados como un mantel para un día de fiesta, acorralados de oscuridad sin saber muy bien qué hacer con ellos. Como tampoco sabe uno cómo comenzar a doblar su vida ya llena de arrugas.